LA VOZ de Concón

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Prevención local: un compromiso urgente con nuestros adolescentes.

El consumo de drogas entre adolescentes sigue siendo una amenaza latente. La evidencia es clara: según el último Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar, un 40% de los estudiantes entre 8° básico y 4° medio ha consumido alcohol en el último mes y uno de cada tres ha probado la marihuana. En la región de Valparaíso, el escenario no es más alentador. Solo en 2024, se registraron más de 2.000 detenciones por microtráfico, muchas de ellas en zonas cercanas a establecimientos educacionales. A esto se suman conductas adictivas más silenciosas, como el uso excesivo de redes sociales, los juegos de azar en línea y el consumo desregulado de fármacos. Concón no está ajeno a este desolador panorama.

Frente a este escenario, no basta con buenas intenciones: necesitamos una prevención que funcione, que se sienta en los pasillos de los colegios, en las mesas familiares y en las conversaciones del barrio. En esa línea, la Red Preventiva dio un paso clave al lanzar recientemente su programa para establecimientos de la región, al que ya se han sumado numerosos colegios. Hace un par de semanas, como apoderada —y también como madre de cuatro adolescentes— asistí a una de sus charlas. Fue directa, informativa y, sobre todo, movilizadora. El mensaje fue claro: prevenir no es una tarea individual, es un trabajo compartido entre familias, escuelas y comunidad.

La prevención, para ser efectiva, necesita apoyarse en factores protectores cotidianos y consistentes: compartir panoramas familiares, aumentar la práctica deportiva, limitar el uso de pantallas, establecer normas claras de convivencia y generar protocolos escolares que permitan detectar y abordar situaciones de riesgo de forma temprana. Estas acciones simples, cuando son coherentes y sostenidas en el tiempo, pueden marcar una diferencia decisiva en la vida de un adolescente.

Concón tiene condiciones para avanzar con decisión en esta agenda preventiva. Hay colegios dispuestos, familias involucradas, organizaciones en terreno. Pero falta una coordinación más sistemática entre todos los actores. El desafío es dejar de actuar de forma aislada y construir un tejido comunitario fuerte, que acoja, oriente y ponga límites cuando sea necesario.

Prevenir no es alarmarse; es anticiparse. Es entender que cada esfuerzo que hoy hacemos en nuestros barrios, escuelas y hogares puede evitar situaciones graves en el futuro. Invertir en la salud emocional y en el bienestar de nuestros jóvenes es también una forma concreta de cuidar el futuro de nuestras comunidades y a nuestra linda comuna.

Asunción Martínez Álamos
Periodista, estudiante de Magister de Estudios Políticos U. Andes